viernes, 1 de diciembre de 2017

IN-SHADOW: A Modern Odyssey

Contundente documental dirigido y producido por Lubomir Arsov. Es una crítica descomunal de nuestro mundo. Dura 13 minutos y no tiene palabras, sino impactantes imágenes (en dibujos, caricaturas) acompañadas por una música pegadiza. Se titula IN-SHADOW: A Modern Odyssey (EN-LA-SOMBRA: Una Odisea Moderna). IN-SHADOW puede traducirse también como "EN-LA-OSCURIDAD", o "EN-TINIEBLAS".

AVISO: Este documental es visualmente impactante, fuerte, pues describe con imágenes muy gráficas el mundo del ego, el cual no queremos ver. Nos muestra el horror que se oculta tras la edulcorada cara de inocencia de la que habla Un Curso de Milagros. Esa falsa inocencia oculta el ansia de asesinato y el horror que hay detrás (la mentalidad errada a nivel ontológico). Podemos mirar este tipo de descripciones sin miedo si las vemos unidos con el Maestro interior (es decir, desde la mentalidad recta). Hay pasajes del Curso muy duros, descriptivos también de este mundo del ego (más abajo voy a citar algunos). No queremos ver lo engañosas que son nuestras vidas en este mundo dual (que afortunadamente no es real), pues el horror que se oculta tras esta superficie engañosa (la forma) es el contenido ontológico que tememos que sea la verdad en nuestro interior (el pensamiento de asesinato/separación; la desgarradora dualidad). Pero como dice la cita de Carl Gustav Jung (citada en la descripción original del vídeo):

“No tree, it is said, can grow to heaven unless its roots reach down to hell.”
-C.G. Jung

“Ningún árbol puede crecer hasta el cielo a menos que sus raíces desciendan hasta el infierno”.
-C.G. Jung

Es decir, que si nos negamos a mirar la ilusión ontológica, entonces no podremos elevarnos por encima de ella, pues la habremos reprimido y seguirá envenenando nuestra mente inconscientemente. Como dice el Curso:

La visión espiritual mira hacia adentro e inmediatamente se da cuenta de que el altar ha sido profanado y de que necesita ser reparado y protegido. Perfectamente consciente de la defensa apropiada, la visión espiritual pasa por alto todas las demás y mira más allá del error hacia la verdad. (T.2.III.4:3-4)

Es mirando dentro de nuestra mente como podemos reconocer que la oscuridad que pensábamos que había no es verdad, sino una mera ilusión que se desvanece al mirarla con la luz del amor. Este mirar adentro no debe darnos miedo, pues es algo que no hacemos solos, sino acompañados de Jesús (del amoroso discernimiento y de la infalible paz):

Yo (Jesús) te daré la lámpara y te acompañaré. (T.11.introd.4:5)

Puede ser más clarificador leer el párrafo completo:

Hermano mío, tú eres parte de Dios y parte de mí. Cuando por fin hayas visto los cimientos del ego sin acobardarte, habrás visto también los nuestros. Vengo a ti de parte de nuestro Padre a ofrecerte todo nuevamente. No lo rechaces a fin de mantener oculta la tenebrosa piedra angular, pues la protección que te ofrece no te puede salvar. Yo te daré la lámpara y te acompañaré. No harás este viaje solo. Te conduciré hasta tu verdadero Padre, Quien, como yo, tiene necesidad de ti. ¿Cómo no ibas a responder jubilosamente a la llamada del amor? (T.11.introd.4)

O las citas complementarias:

Nadie puede escapar de las ilusiones a menos que las mire, pues no examinarlas es la manera de protegerlas. No hay necesidad de sentirse amedrentado por ellas, pues no son peligrosas. Estamos listos para examinar más detenidamente el sistema de pensamiento del ego porque juntos disponemos de la lámpara que lo desvanecerá, y, puesto que te has dado cuenta de que no lo deseas, debes estar listo para ello. Mantengámonos muy calmados al hacer esto, pues lo único que estamos haciendo es buscar honestamente la verdad. La "dinámica" del ego será nuestra lección por algún tiempo, pues debemos primero examinarla para poder ver más allá de ella, ya que le has otorgado realidad. Juntos desvaneceremos calmadamente este error, y después miraremos más allá de él hacia la verdad. (T.11.V.1)

No lo llames pecado sino locura, pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo. Tampoco lo revistas de culpabilidad, pues la culpabilidad implica que realmente ocurrió. Pero sobre todo, no le tengas miedo. 

Cuando te parezca ver alguna forma distorsionada del error original tratando de atemorizarte, di únicamente: "Dios no es miedo, sino Amor", y desaparecerá. La verdad te salvará, pues no te ha abandonado (...). (T.18.I.6:9; 7:1-3)

Por lo tanto, no hay nada que temer, y así somos libres de mirar en nuestro interior con ojos inocentes, llenos de discernimiento y de paz, con una mirada tranquila que nos permite reconocer que esa antes temida oscuridad no es más que una ilusión risible que no puede hacer nada excepto desvanecerse ante la mirada de la paz.

Pasemos a ver el documental. Destaco las partes en que aparecen las caretas "sonrientes" (en el minuto 2 del documental se presenta la careta por vez primera, cuando se pone para ocultar la triste cara que quedará disimulada debajo, repitiéndose la presencia de esas caretas a lo largo del documental), que simbolizan lo que UCDM llama la "cara de inocencia", sobre lo que pondré algunas citas más abajo. Esa cara de "inocencia" finge que todo va bien, finge bondad y buenas intenciones, pero dentro, reprimido y sepultado en el inconsciente, se encuentra el deseo asesino del ego, que es el tema principal de este documental. Muy al final del documental se cambia el tono oscuro que hasta ahora se había expresado, y dedica el momento final a abrir la esperanza a un rayo de luz, que podemos verlo como la pequeña dosis de buena voluntad. Surgen entonces diversos símbolos del final de la fragmentación y de la aceptación de la unidad subyacente, que había quedado oculta. Otro símbolo es el del bebé luminoso que aparece al final, que podemos verlo como un símbolo de la inocencia del Cristo. Y los ojos finales que se abren al final, como el despertar del sueño.

Aquí está el documental (para verlo en pantalla grande se puede hacer click en uno de los botones de abajo del vídeo: el que está a la derecha del volumen y de la ruedecita de configuración; es decir, el botón de las flechitas que apuntan hacia fuera):

IN-SHADOW: A Modern Odyssey from Lubomir Arsov on Vimeo.

Para quien pefiera verlo directamente en la página de VIMEO, este es el link: https://vimeo.com/242569435 (como dije más arriba, dura solo 13 minutos).

Y una vez visto el vídeo, vamos con algunas citas que se relacionan con el tema de este vídeo/documental:

La metáfora de la falsa "cara de inocencia" aparece en varios pasajes de la importante sección T.31.V: El concepto del yo frente al verdadero Ser. Veamos un poco, aunque releer esa sección entera puede ser interesante):

El concepto de ti mismo que el mundo te enseña no es lo que aparenta ser, pues se concibió para que tuviera dos propósitos, de los cuales la mente sólo puede reconocer uno. El primero presenta la cara de inocencia, el aspecto con el que se actúa. Ésta es la cara que sonríe y es amable, e incluso parece amar. Busca compañeros, contempla a veces con piedad a los que sufren, y de vez en cuando ofrece consuelo. Cree ser buena dentro de un mundo perverso.

Este aspecto puede disgustarse, pues el mundo es perverso e incapaz de proveer el amor y el amparo que la inocencia se merece. Por esa razón, es posible hallar este rostro con frecuencia arrasado de lágrimas ante las injusticias que el mundo comete contra los que quieren ser buenos y generosos. Este aspecto nunca lanza el primer ataque. Pero cada día, cientos de incidentes sin importancia socavan poco a poco su inocencia, provocando su irritación, e induciéndolo finalmente a insultar y a abusar descontroladamente.

La cara de inocencia que el concepto de uno mismo tan orgullosamente lleva puesta, justifica el ataque que se lleva a cabo en defensa propia, pues, ¿no es acaso un hecho harto conocido que el mundo trata ásperamente a la inocencia indefensa? Nadie que forja una imagen de sí mismo omite esta cara, pues tiene necesidad de ella. Mas no quiere ver el otro lado. (T.31.V.2:4-9; 3:1-4; 4:1-3)

Pero precisamente ese otro lado es lo que tenemos que mirar para liberarnos de él: la cara del horror, el pensamiento asesino que reprimimos (debido al miedo) sepultándolo en la profundidad de nuestra inconsciente mente ontológica.

Esa sección del Curso menciona más veces la cara de "inocencia", pero con lo que hemos citado tenemos contexto de sobra para el tema del vídeo. Tras nuestra ilusión de que "el mundo es así", se encuentra la otra ilusión más oscura que nos da miedo: el miedo ontológico a la venganza de Dios por haber "roto" (dualizado) Su Cielo. Hasta que no miremos eso con ojos de perdón, reconociendo que la separación nunca podría ser posible y por lo tanto que nada se ha roto, no veremos la verdad de que estamos a salvo, siendo benditamente UNO en la Plenitud del Corazón de Dios.

El falso rostro sonriente es también la manera en que fingimos que todo va bien con este mundo; que esto es normal; que somos "moderadamente felices", etc. Pero bajo esta careta de alegría aparente, se esconde un fondo de profunda tristeza:

Otros prefieren negar que están tristes, y no reconocen en absoluto que se están tragando las lágrimas. (L.182.2:3)

En el documental se ilustra esto con esos rostros/caretas "felices" que en el fondo están llorando amargamente, pues en el mundo dual no se puede encontrar felicidad plena ni duradera.

Otros temas del vídeo podemos verlos reflejados en citas como las siguientes:

El cuerpo es el personaje central en el sueño del mundo. (...) En el breve lapso de vida que se le ha concedido busca otros cuerpos para que sean sus amigos o sus enemigos. Su seguridad es su mayor preocupación; su comodidad, la ley por la que se rige. Trata de buscar placer y de evitar todo lo que le pueda ocasionar dolor. Pero por encima de todo, trata de enseñarse a sí mismo que sus dolores y placeres son dos cosas diferentes, y que es posible distinguir entre ellos.

El sueño del mundo adopta innumerables formas porque el cuerpo intenta probar de muchas maneras que es autónomo y real. Se engalana a sí mismo con objetos que ha comprado con discos de metal o con tiras de papel moneda que el mundo considera reales y de gran valor. Trabaja para adquirirlos, haciendo cosas que no tienen sentido, y luego los despilfarra intercambiándolos por cosas que ni necesita ni quiere. (...) A veces sueña que es un conquistador de cuerpos más débiles que él. Pero en algunas fases del sueño, él es el esclavo de otros cuerpos que quieren hacerle sufrir y torturarlo.

Las aventuras en serie del cuerpo, desde que nace hasta que muere, son el tema de todo sueño que el mundo jamás haya tenido. (...) Tú no eres el soñador, sino el sueño. (T.27.VIII.1:1,4-8; 2:1-3,6-7; 3:1)

Lo anterior se ilustra en diversas escenas del vídeo/documental, por ejemplo a partir del minuto 7 y 16 segundos aparecen unas figuras que me recuerdan la parte de la cita anterior que dice: "Se engalana a sí mismo con objetos que ha comprado con discos de metal o con tiras de papel moneda que el mundo considera reales y de gran valor". Y con tal base ilusoria, todo aquí es un cambiante caos.

Afortunadamente, lo que realmente somos es inmutable, así que nunca cambia, independientemente de nuestros descabellados sueños o de nuestras ilusorias creencias que se basan en que la verdad puede cambiar. Lo que realmente somos, nunca jamás se verá afectado por lo irreal:

Este Pensamiento no se ve afectado en modo alguno por la confusión y el terror del mundo, por los sueños de nacimiento y muerte que aquí se tienen, ni por las innumerables formas que el miedo puede adoptar, sino que, sin perturbarse en lo más mínimo, sigue siendo tal como siempre fue. (T.30.III.10:2)

La mayor parte de este vídeo documental es un símbolo de lo que el Curso llama terror del ego, o de los "chillidos estridentes" del ego. Algunos pasajes del Curso pueden resultar igualmente perturbadores si se miran desde la mente errada en lugar de desde la tranquila y discernidora mente recta. Por ejemplo, estos duros pasajes también ilustran el sistema del ego (copiados de la sección de "Los obstáculos a la paz"):

El amor sólo se siente atraído por el amor. (...) El miedo se siente atraído por lo que el amor no ve, y ambos creen que lo que el otro ve, no existe. El miedo contempla la culpabilidad con la misma devoción con la que el amor se contempla a sí mismo. Y cada uno de ellos envía sus mensajeros, que retornan con mensajes escritos en el mismo lenguaje que se utilizó al enviarlos.

A los mensajeros del miedo se les adiestra mediante el terror, y tiemblan cuando su amo los llama para que le sirvan. Pues el miedo no tiene compasión ni siquiera con sus amigos. Sus mensajeros saquean culpablemente todo cuanto pueden en su desesperada búsqueda de culpabilidad, pues su amo los deja hambrientos y a la intemperie, instigando en ellos la crueldad y permitiéndoles que se sacien únicamente de lo que le llevan. Ni el más leve atisbo de culpabilidad se escapa de sus ojos hambrientos. Y en su despiadada búsqueda de pecados se abalanzan sobre cualquier cosa viviente que vean, y dando chillidos se la llevan a su amo para que él la devore.

No envíes al mundo a esos crueles mensajeros para que lo devoren y se ceben en la realidad. Pues te traerán noticia de carne, pellejo y huesos. Se les ha enseñado a buscar lo corruptible, y a retornar con los buches repletos de cosas podridas y descompuestas. (T.19.IV.A.I.10:5,8-10; 12:5-7; 13:1-3)

Este simbolismo se muestra crudamente en la mayor parte del documental. Pero no debemos desanimarnos cuando veamos el verdadero propósito del ego, pues podemos ir más allá hasta alcanzar el propósito del amor, que nos libera para siempre de las ilusorias cadenas del horror:

Escucha en profundo silencio. Permanece muy quedo y abre tu mente. Ve más allá de todos los chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas que encubren tus verdaderos pensamientos y empañan tu eterno vínculo con Dios. Sumérgete profundamente en la paz que te espera más allá de los frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente. No vives aquí. Estamos tratando de llegar a tu verdadero hogar. Estamos tratando de llegar al lugar donde eres verdaderamente bienvenido. Estamos tratando de llegar a Dios. (L.49.4)

Porque tal como miremos en nuestro interior, eso percibiremos "fuera" de nosotros. Si nos miramos dentro y vemos asesinato (es decir, creemos en la separación), eso es lo que proyectaremos y por lo tanto eso es lo que percibiremos en el mundo proyectado: La proyección da lugar a la percepción. (T.21.introd.1:1)

Así pues, nosotros mismos elegimos con nuestra actitud mental lo que vamos a ver:

El amor envía a sus mensajeros tiernamente, y éstos retornan con mensajes de amor y de ternura. A los mensajeros del miedo se les ordena con aspereza que vayan en busca de culpabilidad, que hagan acopio de cualquier retazo de maldad y de pecado que puedan encontrar sin que se les escape ninguno so pena de muerte, y que los depositen ante su señor y amo respetuosamente. La percepción no puede obedecer a dos amos que piden distintos mensajes en lenguajes diferentes. (T.19.IV.A.I.11:1-3)

Podemos elegir a qué amo o maestro servir: al ego o al Espíritu. El ego nos incita a ver horror, asesinato, separación y pecado, y si miramos en nuestro interior mirando con los ojos del ego, eso es lo que veremos y entonces proyectaremos un mundo de miedo y horror.

Pero si al mirarnos interiormente —ayudados por el Maestro de la paz— vemos únicamente inocencia, eso es lo que extenderemos y así veremos un mundo de unión y de paz, independientemente de las situaciones externas, que entonces serán percibidas como expresiones de amor o como peticiones de amor.

Siguiendo con las descripciones semejantes a las del documental:

Bajo el polvoriento contorno de su mundo distorsionado, el ego quiere dar sepultura al Hijo de Dios, a quien ordenó asesinar, y en cuya putrefacción reside la prueba de que Dios Mismo es impotente ante el poderío del ego e incapaz de proteger la vida que Él creó contra el cruel deseo de matar del ego. (T.19.IV.C.I.8:1)

Pero a continuación el Curso nos recuerda que no hay motivo para tener miedo, pues es un sueño del que podemos elegir despertar:

Hermano mío, criatura de Dios, esto no es más que un sueño de muerte. No hay funeral, ni altares tenebrosos, ni mandamientos siniestros, ni distorsionados ritos de condena a los que el cuerpo te pueda conducir. (T.19.IV.C.I.8:2-3)

Volver la mente hacia dentro y elegir la verdad nos permite despertar de las pesadillas del miedo:

Los milagros son como gotas de lluvia regeneradora que caen del Cielo sobre un mundo árido y polvoriento, al cual criaturas hambrientas y sedientas vienen a morir. (L.PII.Preg13.5:1)

Por lo tanto, podemos liberarnos de este mundo de tinieblas que el ego nos invita a considerar como verdadero. Pero si elegimos creer lo que nos dice el ego, no veremos amor, sino un mundo cruel de asesinato (ilustrado poderosamente en el documental):

Lo que no es amor es asesinato. (T.23.IV.1:10)

Y ese horrible mundo de asesinato es lo que describe ampliamente el documental.

El Curso también describe sin remilgos el horror, pero también señala que tal horroso mundo no es ni puede ser real:

Si éste fuese el mundo real, Dios sería ciertamente cruel. Pues ningún Padre podría someter a Sus hijos a eso como pago por la salvación y al mismo tiempo ser amoroso. El amor no mata para salvar. (T.13.introd.3:1-3)

Pues este mundo es el símbolo del castigo, y todas las leyes que parecen regirlo son las leyes de la muerte. (T.13.introd.2:4)

¿Te gusta lo que has fabricado? Un mundo de asesinatos y de ataque por el que te abres paso tímidamente en medio de constantes peligros, solo y temeroso, esperando a lo sumo a que la muerte se demore un poco antes de que se abalance sobre ti y desaparezcas. Todo eso son fabricaciones tuyas. Es un cuadro de lo que tú crees ser: de cómo te ves a ti mismo. Los asesinos están aterrorizados y los que matan tienen miedo de la muerte. (T.20.III.4:2-5)

Por cierto, en la frase final, "los asesinos" se refiere a cada uno de nosotros, ya que en nuestra mente inconsciente creemos haber asesinado a Dios, o a Su Hijo el Cristo: es decir, creemos haber logrado la separación o individualidad, al exorbitante precio de asesinar la inocente Unidad. ¡Cómo no vamos a sentirnos culpables mientras sigamos creyendo inconscientemente eso!

Mas todo el mundo sabe que el costo del pecado es la muerte. (T.25.VII.1:6)

Y si en nuestra mente inconsciente creemos haber cometido el pecado de la separación (haber matado a Dios para obtener nuestra individualidad), nos sentiremos culpables y proyectaremos esa culpabilidad fabricando un mundo de diferencias, separación, culpa, asesinato y muerte. ¿Es ese mundo el lugar donde realmente queremos vivir?:

Aquí es donde se conservan los pensamientos de sacrificio, pues ahí es donde la culpabilidad impera y donde le ordena al mundo que sea como ella misma: un lugar donde nadie puede hallar misericordia, ni sobrevivir a los estragos del temor, excepto mediante el asesinato y la muerte. (T.31.III.5:2)

Sueñas que tu hermano está separado de ti, que es un viejo enemigo, un asesino que te acecha en la noche y planea tu muerte, deseando además que sea lenta y atroz. Mas bajo este sueño yace otro, en el que tú te vuelves el asesino, el enemigo secreto, el sepultador y destructor de tu hermano así como del mundo. (T.27.VII.12:1-2)

Ese otro sueño más profundo es el inconsciente sueño ontológico, la creencia original en la individualidad/separación. Al elegir creer en la separación, proyectamos este absurdo hacia "fuera", produciendo un aparente mundo de muerte, que es un lugar horrendo y agotador, pues ahora los asesinos parecen ser los otros, que nos rodean y nos acechan, por lo que tenemos que estar alerta y constantemente a la defensiva, y entonces nos sentimos desfallecidos y sin auténticas esperanzas:

El mundo está muy cansado porque es la idea del cansancio. (T.5.II.10:6)

Y la anterior cita se refleja en muchas imágenes del documental, con esos rostros cansados y agobiados.

Sin embargo, el Espíritu Santo está deseoso de que le pidamos Su Ayuda para librarnos de todo ese cansancio tan agotador, y así volvamos a nuestro estado natural de paz y plenitud:

Traigo a vuestros cansados ojos una visión de un mundo diferente, tan nuevo, depurado y fresco que os olvidaréis de todo el dolor y miseria que una vez visteis. Mas tenéis que compartir esta visión con todo aquel que veáis, pues, de lo contrario, no la contemplaréis. Dar este regalo es la manera de hacerlo vuestro. (T.31.VIII.8:4-6)

Compartir esa visión —y dar ese regalo— significa ver a los demás con los ojos del perdón. Al retirar nuestras proyecciones de los demás, nos libramos de ellas nosotros mismos. Siempre podemos pedirle al Espíritu Santo que nos recuerde el perdón, que nos recuerde que hay otra manera de ver esas cosas que creemos que nos están agobiando:

Recuérdamelo ahora, Padre, pues estoy cansado del mundo que veo. (L.224.2:3)

Pues ciertamente es agotador seguir creyendo en la individualidad e insistir en vivir en el espacio/tiempo, en un mundo hostil de conflictos y diferencias:

No obstante, sólo el tiempo se arrastra pesadamente, y el mundo ya está muy cansado. (M.1.4:4)

Ese mundo no es más que una creencia en la muerte/dualidad. Sin esa idea ontológica, el mundo desaparece: 

Sin la idea de la muerte no habría mundo. (M.27.6:3)

En el documental se muestra el mundo originado por la creencia inconsciente en la muerte/separación. Es un mundo que refleja la ilusoria idea de la muerte, que lo originó. Pero cuando aprendemos a dejar de creer en la idea de la separación, ese mundo pierde su base y entonces amanece la esperanza que nos guía suave y confortablemente a despertar y a nuestra total felicidad. ¡Hay esperanza!

Me amas, Padre, y nunca habrías podido dejarme en la desolación, para morir en un mundo de dolor y crueldad. ¿Cómo pude jamás pensar que el Amor se había abandonado a Sí Mismo? No hay otra voluntad que la Voluntad del Amor. El miedo es un sueño, (...) (L.331.1:3-5)

Con el ego, usábamos cada momento para elegir seguir creyendo en la devastación, y por lo tanto bajo el imperio del miedo:

Cada día, y cada minuto de cada día, y en cada instante de cada minuto, no haces sino revivir ese instante en el que la hora del terror ocupó el lugar del amor. (T.26.V.13:1)

Este ilusorio mundo egoico es el reflejo de la ontológica "hora del terror", en la que quisimos elegir creer en nuestra individualidad en vez de en la Unidad del Ser.

Pero como dice el Curso, el mundo de asesinatos del ego no puede ofrecernos nada de valor:

El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee. (L.128)

Pero también se nos recuerda que más allá del mundo del ego, hay otra manera de verlo todo:

Más allá de este mundo hay un mundo que deseo. (L.129)

Y esta alternativa es una que también podemos elegirla en cada momento:

Cada día, cada hora y cada instante elijo lo que quiero contemplar, los sonidos que quiero oír y los testigos de lo que quiero que sea verdad para mí. Hoy elijo contemplar lo que Cristo quiere que vea; hoy elijo escuchar la Voz de Dios, así como buscar los testigos de lo que es verdad en la creación de Dios. En la visión de Cristo, el mundo y la creación de Dios se encuentran, y según se unen, toda percepción desaparece. La dulce visión de Cristo redime al mundo de la muerte, pues todo aquello sobre lo que Su mirada se posa no puede sino vivir y recordar al Padre y al Hijo: la unión entre Creador y creación. (L.271.1:1-4)

Es decir, que en cada instante podemos elegir la unión en vez de la separación; la igualdad en vez de las diferencias; la inocencia en lugar de la culpabilidad; el amor en lugar de la muerte y el miedo.

Otra manera de decirlo es que en cada instante somos libres para perdonar.

El mundo real o mundo del perdón es el único mundo deseable, pues esta manera de ver nos conduce a despertar de la pesadilla del ego y volver a los Brazos de Dios, Uno con Él. Pero el mundo de separación del ego es horriblemente feo y perturbador. ¿Cuál elegiremos?

El mundo que ves es ciertamente despiadado, inestable y cruel, indiferente en lo que a ti respecta, presto a la venganza y lleno de odio inclemente. Da únicamente para más tarde quitar, y te despoja de todo aquello que por un tiempo creíste amar. En él no se puede encontrar amor duradero, porque en él no hay amor. Dicho mundo es el mundo del tiempo, donde a todo le llega su fin. (L.129.2:3-6)

¿Cuál de ellos quieres ver? Eres libre de elegir. Mas debes conocer la ley que rige toda visión y no dejar que tu mente se olvide de ella: contemplarás aquello que sientas en tu interior. Si el odio encuentra acogida en tu corazón, percibirás un mundo temible, atenazado cruelmente por las huesudas y afiladas garras de la muerte. Mas si sientes el Amor de Dios dentro de ti, contemplarás un mundo de misericordia y de amor. (L.189.5)

Si elegimos la unidad, todo nos lleva a la felicidad. Pero si elegimos seguir creyendo en el sistema de pensamiento del ego, proyectaremos un mundo de miedos y creeremos que es real. Y al elegir eso:

Y el mundo se convierte en un lugar amargo y cruel, donde reina el pesar y donde los pequeños gozos sucumben ante la embestida del dolor salvaje que aguarda para trocar toda alegría en sufrimiento. (L.190.8:5)

Que es algo potentemente ilustrado en el documental que hemos visto antes.

Acabemos con unas citas de verdadera esperanza:

Deja el mundo de la muerte atrás, y regresa al Cielo en paz. Aquí no hay nada que tenga valor; todo lo que tiene valor se encuentra en el Cielo. Escucha al Espíritu Santo, y a Dios a través de Él. Él te habla de ti. (T.14.V.1:8-10)

Porque no es el mundo lo que en verdad queremos. Lo que realmente queremos de corazón es nuestra Unidad con Dios:

Tú anhelas estar con Él, tal como Él anhela estar contigo. Esto es eternamente inalterable. Acepta, pues, lo inmutable. (T.14.V.1:5-7)

Con esta Santa Ayuda, dejamos atrás las ilusiones de separación del ego: el miedo, el odio y dolor:

La sangre del odio desaparece permitiendo así que la hierba vuelva a crecer con fresco verdor, y que la blancura de todas las flores resplandezca bajo el cálido sol de verano. Lo que antes era un lugar de muerte ha pasado a ser ahora un templo viviente en un mundo de luz. (T.26.IX.3:1-2)

Pero entrenémonos para evitar la tentación de juzgar y de condenar a nuestros hermanos, o de condenar de algún modo el mundo que percibimos. Porque si juzgamos o condenamos, seremos nosotros mismos quienes sufriremos:

Pero si te niegas a dar tu bendición, el mundo te parecerá ciertamente temible, pues le habrás negado su paz y su consuelo, y lo habrás condenado a la muerte. (T.27.V.4:6)

Este mundo te atará de pies y manos y destruirá tu cuerpo únicamente si piensas que se construyó para crucificar al Hijo de Dios. Pues aunque el mundo sea un sueño de muerte, no tienes por qué dejar que sea eso para ti. (T.29.VI.5:1-2)

Elijamos, pues, dejar de creer en este ilusorio infierno, pues aunque sea irreal, resulta doloroso mientras se cree en él. Todo depende de uno mismo: de qué elijo creer: al ego con sus diferencias o al Espíritu inmutable con su Unidad.

Dejemos atrás la dolorosa creencia de que la culpa la tienen otros. Pues la verdad es que:

El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. (T.27.VIII.10:1)

Pues sólo lo que elijo creer es lo que parece hacerme daño:

Nada, excepto mis propios pensamientos, me puede hacer daño. (L.281.1:5)

Pero somos libres de elegir nuestro pensamientos/creencias. Podemos elegir las ideas de igualdad en lugar de las de diferencias. Podemos elegir la inocencia en lugar de la condenación. Y al elegir la verdad del amor, las oscuras alucinaciones del ego desaparecerán y reconoceremos un mundo de luz al cual tenemos derecho desde siempre, pues es el reflejo de la Realidad, donde todo es Uno y no hay cabida para separaciones, diferencias, cambios ni el dolor. Al elegir el reflejo de la verdad en este mundo (el perdón; volver la mente hacia dentro en inocencia), este reflejo nos conducirá a la Verdad Absoluta de inmutable Unidad. Y como dice el Curso, estemos tranquilos, pues una vez que hemos empezado el camino o jornada del perdón, el final feliz es seguro:

No olvides que una vez que esta jornada ha comenzado, el final es seguro. Las dudas te asaltarán una y otra vez a lo largo del camino, y luego se aplacarán sólo para volver a surgir. El final, no obstante, es indudable. Nadie puede dejar de hacer lo que Dios le ha encomendado que haga. (...) Detrás de cada ilusión está la realidad y está Dios. (...) El final es indudable y está garantizado por Dios. (C.Epílogo.1:1-4,8,10)

Y ahora decimos "Amén". Pues Cristo ha venido a morar al lugar que, en el sosiego de la eternidad, Tú estableciste para Él desde antes de los orígenes del tiempo. La jornada llega a su fin, y acaba donde comenzó. No queda ni rastro de ella. Ya no se le otorga fe a ninguna ilusión, ni queda una sola mota de obscuridad que pudiese ocultarle a nadie la faz de Cristo. Tu Voluntad se hace, total y perfectamente, y toda la creación Te reconoce y sabe que Tú eres la única Fuente que tiene. La Luz, clara como Tú, irradia desde todo lo que vive y se mueve en Ti. Pues hemos llegado allí donde todos somos uno, y finalmente estamos en casa, donde Tú quieres que estemos. (T.31.VIII.12)

El Hijo reposa, y en la quietud que Dios le dio, entra en su hogar y por fin está en paz. (C.Epílogo.5:6)

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Datos del documental

Written, Directed & Produced by Lubomir Arsov
Original Soundtrack “Age of Wake” by Starward Projections
Composited by Sheldon Lisoy
Additional Compositing by Hiram Gifford
Art Directed & Edited by Lubomir Arsov

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viernes, 17 de noviembre de 2017

Una "contradicción" deshecha

A veces hay frases del Curso que parecen contradecirse entre sí, si las tomamos literalmente y separadas de su contexto. Pero aunque la forma (las palabras) parezca contradecirse, el contenido (el mensaje que esas palabras señalan) es siempre coherente a lo largo y ancho del Curso.

Veamos el siguiente ejemplo, que ha motivado este post, donde dos citas del capítulo 30 del Texto, sacadas de dos secciones consecutivas (la III y la IV) parecen contener algún grado de contradicción (señalo en negritas las partes que apuntan más directamente a la aparente contradicción):

No es nunca el ídolo lo que realmente quieres. Mas lo que crees que te ofrece, eso ciertamente lo quieres, y tienes derecho a pedirlo. Y es imposible que te sea negado. Tu voluntad de estar completo es la Voluntad de Dios, y se te concede por ser la Suya. Dios no sabe nada de formas. (T.30.III.4:1-5)

En cambio, en la sección siguiente se dice:

Pero sí verás los grandes cambios que se producirán de inmediato, una vez que hayas tomado esta simple decisión: que no deseas lo que crees que un ídolo te puede dar. Pues así es como el Hijo de Dios declara que se ha liberado de todos ellos. Y, por lo tanto, es libre. (T.30.IV.6:4-6)

De modo que en T.30.III parece que se nos dice que no queremos realmente el ídolo, pero sí queremos lo que creemos que el ídolo nos ofrece (y que de hecho tenemos derecho a ello). En cambio, en T.30.IV parece que se nos dice que lo liberador es darnos cuenta de que no deseamos lo que creemos que el ídolo nos puede dar. ¿En qué quedamos entonces: es cierto que deseamos lo que un ídolo ofrece, o lo contrario, lo cierto es que no deseamos eso que el ídolo nos da?

Pues bien, el ejemplo es interesante porque así podemos ver que ambas afirmaciones son ciertas, cada una en su contexto.

En T.30.III el mensaje es que cuando alguien va tras un ídolo, lo que realmente busca es la felicidad genuina, o en las palabras que usa esa sección, busca la compleción (la verdad, la plenitud). El ego hace que nos interesemos por los ídolos al decirnos que ellos (las cosas externas, las relaciones especiales) pueden llenar nuestro vacío interior (completarnos, darnos algún tipo de felicidad duradera). El Espíritu Santo, en cambio, nos explica que ninguna cosa externa (o ídolo) puede darnos felicidad duradera, y que la incómoda sensación de carencia producida por el inexistente vacío interior podrá únicamente solucionarse volviendo a prestar atención a la mente y así elegir el sistema de pensamiento de la mentalidad recta, en lugar del sistema de juicios y carencias del ego. Visto así, comprendemos que lo que realmente buscamos no son los ídolos en sí mismos, sino la felicidad o compleción que creemos que ellos podrían aportarnos. Este mensaje se venía anticipando al principio del párrafo anterior, en el que dice: «Tras la búsqueda de todo ídolo yace el anhelo de compleción» (T.30.III.3.1), pero a continuación se añade algo que deja claro que en los ídolos no lograremos culminar ese anhelo de compleción, porque lo pleno (lo completo) no tiene forma, mientras que los ídolos son simples formas limitadas, por lo que no pueden brindar la totalidad que únicamente la realidad ofrece: «Lo pleno no tiene forma porque es ilimitado. Buscar una persona o una cosa especial para añadir a lo que tú eres y así alcanzar tu compleción, sólo puede querer decir que crees que te falta algo que una forma puede proporcionarte» (T.30.III.3:2-3). O también en los párrafos anteriores a esos se sueltan perlas como: «No es la forma lo que andas buscando» (T.30.III.2:1), porque es el contenido lo que realmente nos interesa (la verdad, la plenitud, la Unidad en Dios); y también: «Los ídolos son algo muy concreto» (T.30.III.1:1), y por lo tanto son formas (límites) y nunca nos van a proporcionar lo infinito, lo verdadero, pues la verdad es abstracta (ilimitada, sin forma), y no concreta (limitada, con forma).

En T.30.IV, sin embargo, el énfasis se pone en que lo que buscamos con los ídolos es engañarnos a nosotros mismos para creer que es posible conseguir la felicidad o la paz mediante las formas: «Lo único que las apariencias pueden hacer es engañar a la mente que desea ser engañada» (T.30.IV.6:1). Pero cuando volvemos a la mente y elegimos la mentalidad recta en lugar del ego, nos damos cuenta de que ya no queremos los ídolos, ni tampoco su falsa felicidad de imitación especial (lo que creemos que un ídolo da). En ese sentido, no queremos lo que los ídolos parecen ofrecernos, porque hemos comprendido que los ídolos sólo ofrecen engaño y ya no queremos seguir engañándonos. Con esta decisión, nos liberamos de ellos.

En resumen, ayudados por el Maestro interior llegamos a la conclusión de que los ídolos no son lo que nos interesa, ni tampoco lo que los ídolos ofrecen (supuesta felicidad a nivel del mundo); pero sí queremos lo que en verdad estuvimos buscando siempre cuando perseguíamos ídolos: sentirnos genuinamente bien; ser felices; ser totalmente plenos. Y esto no nos lo pueden dar los ídolos, pues la plenitud se encuentra únicamente en la Realidad, que al ser ilimitada, tiene que ser abstracta, al contrario que los ídolos, que son concretos.

Busquemos, por lo tanto, la verdad y no lo falso. La paz y no el conflicto. A Dios y no a las ilusiones. Lo universal y eterno, en vez de lo concreto y temporal. El todo, en vez de la nada. La Unidad del Amor, en lugar de los fugaces vaivenes del mundo y sus especialismos.

Por cierto, es inspirador releer esas dos secciones (T.30.III-IV).

Y cuando nos parezca ver contradicciones, antes de darlas por ciertas procuremos captar el mensaje de cada cita, pues cuando se entiende el mensaje desaparecen las contradicciones. Esto es válido para el Curso, para otros textos espirituales y para la vida en general. Por ejemplo, si queremos llegar a la ciudad de Madrid y no conocemos el camino, si preguntamos a alguien y nos responde: "A Madrid se llega yendo hacia el norte", puede ser un dato útil. Podemos preguntar a otra persona que podría respondernos: "A Madrid se llega yendo hacia el sur". ¿Significaría eso que hay una contradicción y una de las pistas está equivocada? Puede que sí o puede que no. Si por ejemplo hemos preguntado a alguien cuando estamos en Málaga, nos dirá correctamente que Madrid queda al norte. Pero si hemos preguntado a alguien cuando estamos en Bilbao, nos dirá correctamente que Madrid queda al sur. No vale criticarle con: "Pues Fulanito me dijo que Madrid quedaba hacia el norte". Pues ambas afirmaciones son válidas, y si uno se apega a la información "correcta" en el contexto "equivocado", en vez de llegar a Madrid ("al norte, al norte, al norte") acabará en el Mar Cantábrico... ¡Y entonces el remojón le servirá para desapegarse de su fijación por el norte y reconocer que en ese contexto es mejor girar hacia el sur! ;-)

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Solo se necesitan dos... (T.30.I.17) Al arca de la paz se entra de dos en dos (T.20.IV.6:5) ¿Quiénes son esos dos?

La siguiente cita puede suscitar alguna duda a más de uno, pues a mí me han preguntado por esta cita al menos un par de veces por email, y posteriormente vi que a Kenneth Wapnick (o FACIM) le preguntaron también sobre lo mismo. Así que puede ser interesante dedicarle este post.

La cita es la siguiente:

Hoy sólo se necesitan dos que deseen gozar de felicidad para que se la ofrezcan al mundo entero. Sólo se necesitan dos que comprendan que no pueden decidir por su cuenta, para garantizar que el júbilo que pidieron sea plenamente compartido por todos. (...) Sólo se necesitan dos. Estos dos tienen que haberse unido antes de que se pueda tomar una decisión. (T.30.I.17:1-2,4-5)

Y la pregunta suele ser algo como esto:

¿Quiénes son estos dos? ¿Se trata del lector y del Espíritu Santo? ¿O del lector con alguien más?

Bien; la respuesta breve es que se refiere a unirnos con nuestro hermano, sea quien sea ese hermano.

Pero ahora comentemos algunos matices. Antes de este último párrafo de esta sección, en los párrafos anteriores el énfasis estaba en que si queremos tener un día feliz (estar en paz) debemos soltar al ego y unirnos al Espíritu Santo. Pero en este párrafo final cambia la tónica y ahora se refiere a que solo se necesitan dos (tu hermano y tú) para soltar la dualidad. En el lenguaje de UCDM se expresa que al Cielo se entra "de dos en dos", refiriéndose a ti y tu hermano, es decir, a uno mismo como sujeto, y a cualquier objeto de nuestro especialismo. Nuestro hermano es en el fondo un reflejo de uno mismo, que utilizamos para ayudarnos a disipar la dualidad.

Por supuesto que para unirnos a nuestro hermano se sobreentiende que previamente hemos tenido que unirnos al Espíritu Santo, pues unirnos al Espíritu Santo significa que hemos elegido la mentalidad recta mediante la cual podemos contemplar a nuestro hermano sin distorsión, tal como es (sin juzgarlo).

Originalmente, esos "dos" que debían unirse eran Helen Schucman y Bill Thetford, los dos primeros estudiantes del Curso. Pero cuando el Curso se publicó, esto se hizo extensible a cada estudiante del Curso y cualquier hermano con el que se relacione. No se refiere a unirse a nivel de la forma (no se refiere a una unión de cuerpos o a hacer cosas juntos, sino que se refiere a nuestra manera de ver; a nuestra mentalidad); es decir, puede que no tengamos ningún hermano físicamente cerca en un momento dado, o que estemos pensando y perdonando a un hermano que ya falleció, etc. Las relaciones son en la mente, no en un inexistente mundo físico.

La sección T.30.I habla de que nunca tomamos decisiones solos, sino que siempre las estamos tomando con uno de los dos posibles consejeros: el ego o el Espíritu Santo. Puesto que el ego nunca nos conduce a la verdadera felicidad, nuestra cita de «Hoy sólo se necesitan dos que deseen gozar de felicidad» se refiere evidentemente a unirnos a nuestro hermano por medio de la visión correcta del Espíritu Santo.

Una cita relacionada:

Al arca de la paz se entra de dos en dos. (T.20.IV.6:5)

Que se refiere igualmente a uno mismo y nuestro hermano. Al perdonar a otros, nos liberamos nosotros mismos, pues no hay otros: son un espejo de nuestro propio ser. Esta cita del arca de la paz (símbolo del estado natural, de la paz del Cielo) es un guiño a una cita de la Biblia:

De dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a Noé. (Génesis 7:9)

Otras citas relacionadas, sobre la necesidad de perdonar o unirnos a nuestro hermano:

No pienses que perdonar a tu hermano os beneficia sólo a vosotros dos. Pues el nuevo mundo en su totalidad descansa en las manos de cada dos seres que entren allí a descansar. (...) No podrías dejar ni a uno solo afuera tal como yo tampoco podría dejarte a ti afuera, y olvidarme así de una parte de mí mismo. (T.20.IV.7:2-3,6)

El Curso también dice cosas como las siguientes:

La salvación es una empresa de colaboración. (T.4.VI.8:2)

Porque es perdonando a otros como reconocemos estar perdonados nosotros mismos.

El Curso utiliza un lenguaje dual ("dos", "tú y tu hermano", etc) porque es lo que nosotros mejor podemos entender mientras todavía nos percibimos como cuerpos (aunque intelectualmente sepamos que no lo somos). Perdonando a nuestro hermano reconocemos nuestra propia inocencia. Perdonando todos los objetos reconoceremos la inocencia del sujeto, y finalmente sujeto y objeto se disuelven por ser ilusorios, y se reconoce la eterna Unidad. Pero primero tenemos que volver nuestra mente hacia dentro, y podemos utilizar como ayuda los reflejos o espejos llamados "hermanos", en quienes podemos ver nuestras propias proyecciones, creencias y juicios:

Tu hermano es el espejo en el que ves reflejada la imagen que tienes de ti mismo mientras perdure la percepción. (T.7.VII.3:9)

Cuando renunciamos a nuestras proyecciones, la mente se vuelve hacia dentro y se experimenta la paz.

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Un post relacionado:

El papel de nuestro hermano como camino a la paz: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/10/el-papel-de-nuestro-hermano-como-camino.html

lunes, 30 de octubre de 2017

¿Errata o acierto? Urtext frente a ACIM (T.18.V.1.1): Prepare you... not or now?

En internet he encontrado opiniones (en inglés) sobre qué versión es mejor para la frase T.18.V.1.1:

Urtext: Prepare you not for the undoing of what never was.

Traducción: No te prepares para deshacer lo que nunca tuvo lugar.

ACIM: Prepare you now for the undoing of what never was.

Prepárate ahora para deshacer lo que nunca tuvo lugar. (T.18.V.1.1) (Es la traducción de la versión oficial del Curso en inglés).

El Urtext, como muchos sabéis, es la versión antigua del Curso, cuando aún estaba sin pulir y con mucho material que se debia eliminar, además de quitar las erratas.

ACIM es la versión oficial del Curso, bastante fiable sobre todo a partir de la 2ª edición en inglés (en la que se basó la traducción de la versión española).

Al parecer, en el fondo, ambas variantes de esa cita significan lo mismo si las vemos desde la perspectiva adecuada, en el contexto de otras ideas del Texto, por ejemplo en la sección anterior: T.18.IV.4.3-4 principalmente, también esa sección en general (T.18.IV.1.1-10; 2.1-3,7-8; 4; 5.1-4; 6.4-8, etc) y en la siguiente: T.18.V.1.1-2,5; 2.1-5, etc).

Es decir: no podemos prepararnos por nuestra cuenta (como individuos, desde la mentalidad errada), ya que tener buenas intenciones no es suficiente (T.18.IV.2.1-2), pero sí podemos confiar en nuestra buena voluntad (T.18.IV.2.3) o mentalidad recta, y en ese sentido podemos prepararnos para el deshacimiento de lo ilusorio, es decir, mediante el perdón, que es lo único que tenemos que hacer: nuestro pequeño papel o pequeña dosis de buena voluntad.

Desconozco el mecanismo de esta discrepancia entre el Urtext (o tal vez ACIM en su 1ª edición) y el ACIM de la 2ª y 3ª edición. Puede que lo correcto fuese la palabra "not" y al preparar la siguiente versión de ACIM, se tecleó como "now" inconscientemente. Pero es también posible (y creo que más probable) que este cambio fuese introducido de manera deliberada para corregir la errata de poner "not", previa consulta con las notas taquigráficas de Helen que son la única versión totalmente primigenia del Curso.

En mi caso, ¿qué opción prefiero?

En mi opinión, bien entendidas, ambas formas de expresar esa frase de T.18.V.1.1 son válidas. El mensaje general de esas secciones no se ve afectado por el pequeño matiz según el cual interpretemos esa frase en concreto, pues la idea general que se nos transmite es inequívoca, y ambas interpretaciones de esa frase encajan correctamente con el mensaje general que se nos transmite en esa porción del Texto. De hecho, ambas interpretaciones están expresadas en varias de las demás frases de esas dos secciones (T.18.IV-V), por no hablar del resto del Texto. El mensaje es claro: no podemos solucionar nuestros problemas desde la mentalidad errada (por nuestra cuenta, en el mundo), sino que se solucionan al reconocer que son proyecciones ilusorias con un origen mental igualmente ilusorio y simple de perdonar si volvemos nuestra atención a la mente (desde la perspectiva de la mentalidad recta).

Siendo ambas opciones válidas si se entienden correctamente, deja de ser relevante cuál elijamos. En mi caso prefiero quedarme con la versión oficial del Curso, pues suena muy natural y además encaja bien con lo principal: animarnos a cumplir con nuestra única tarea: el perdón (aceptar la Expiación para uno mismo).

Dejo escrito esta reflexión en el blog por si algún día alguien se encuentra con este debate (que de momento es muy minoritario, casi anecdótico y solo en inglés) sobre esta cita del Curso. Así queda aquí reflejada una opinión en español sobre este tema.

En definitiva, que yo me quedo con la versión actual del Curso:

Prepárate ahora para deshacer lo que nunca tuvo lugar. (T.18.V.1.1)

Si bien no es pecado, ni siquiera erróneo si se le da un sentido de mentalidad recta, elegir la otra opción.

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Es conveniente no apegarnos a las palabras

El desapego es útil no solamente con respecto a los objetos físicos, sino también con respecto a los objetos mentales: las creencias, las emociones, las ideas, los significados de las palabras, etc.

El Curso nos proporciona ejemplos de desapego de las palabras, al dar a una palabra un significado en un contexto y otro significado completamente diferente en otro contexto. De este modo nos entrena para que valoremos los significados sin apegarnos a las palabras.

Por ejemplo:

No se le negó su deseo, sino que se modificó la forma del mismo, de manera que redundase en beneficio de su hermano y de él, y se convirtiese de ese modo en un medio para salvar en vez de para llevar a la perdición. (T.25.VI.5.11)

Aunque el Curso utiliza muchas veces el dúo forma/contenido para referirse con la palabra forma a lo irrelevante (el mundo, el cuerpo, las relaciones especiales) y con la palabra contenido a lo que es realmente relevante (el propósito, la mente), en esta cita se utiliza de manera puntual la palabra "forma" como sinónimo de propósito o contenido. El significado de esa frase es que el Maestro interior no nos quita la relación especial, pero modifica su forma (es decir, cambia su propósito) para que de este modo en vez de seguir siendo una relación especial se convierta en una relación santa.

Por lo tanto, no nos apeguemos a las palabras. Una cosa es la forma de una relación (por ejemplo nuestra profesión, o si estamos casados, etc), y otra cosa es la forma de una relación en el sentido de qué actitud presento en ella: si la utilizo para condenar o para perdonar; para sentirme diferente o para reconocer nuestra inherente igualdad. Si por ejemplo soy maestro y estoy casado, mi relación con mis alumnos es una de las formas en que se despliega mi vida, y mi relación con mi mujer es otra forma diferente en que se despliega mi vida. Un asunto diferente es la forma o manera (actitud mental) en que encaro mis relaciones (puedo usar mi relación con mis alumnos para unificar o para separar, y puedo usar la relación con  mi mujer para unificar o separar). Al Espíritu Santo no le importa si somos maestros, albañiles o parados, ni si estamos casados o solteros. No es eso lo que a Él le importa que cambiemos. Lo que le importa es si utilizamos esos roles para condenar o para perdonar. Eso es todo.

Por lo tanto, no es lo mismo el mundo de la forma que la forma en que trato a los demás. Lo primero es físico, lo segundo mental.

Otro ejemplo del Curso es que suele utilizar las palabras "amor especial" para referirse al ego. Pero en ocasiones no es así. Por ejemplo:

Su odio especial se convirtió en su amor especial. (T.25.VI.6.8)

En este caso, es de las pocas veces que el Curso utiliza la expresión "amor especial" en un sentido positivo. Esa frase se refiere a cuando cambiamos el propósito de nuestra relación, de modo que se transforme y en vez de seguir siendo una relación especial ("odio especial") pase a ser una relación santa (expresada puntualmente como "amor especial" en esta cita en concreto).

Esta misma flexibilidad con respecto al significado de las palabras es útil tenerla en cuenta al leer a otros autores, de cualquier tradición. Como ejemplo final, Kenneth Wapnick suele usar la expresión "uno o el otro" para referirse a la actitud básica del ego (si tú eres culpable, yo soy inocente; si yo consigo esto, tú te quedas sin ello; si yo soy mejor, tú eres peor; etc). Sin embargo, en algunos de sus escritos Ken utiliza esa expresión en un sentido que refleja mentalidad recta: cuando se elige entre el sistema de pensamiento del Espíritu Santo y el del ego. Pues se trata de uno o el otro (en el buen sentido), ya que no se puede elegir a la vez el amor y el miedo, la verdad y las ilusiones. O uno, o lo otro. Y hasta que no elijamos una de las dos opciones de manera inequívoca (y solo una de ellas puede ser elegida inequívocamente porque solo una es real) estaremos oscilando entre el amor y el miedo, entre la paz y las dudas. Mientras no elijamos el Cielo, estaremos en el infierno (no nos aferremos a las palabras aquí tampoco jejeje).

Intuyamos, pues, el sentido de las palabras pero sin aferrarnos a ellas. Las palabras son ilusiones. Señalan algo. Dirijámonos hacia lo que señalan y dejémoslas en paz. Esta flexibilidad, generalizada a todos los ámbitos de nuestra experiencia, facilitará mucho nuestro viaje a casa, nuestro despertar, nuestro reconocimiento de lo que siempre ES.

domingo, 22 de octubre de 2017

El papel de nuestro hermano como camino a la paz

Tema extraído del foro Concordia y Plenitud: http://concordiayplenitud.foroactivo.com/t257-el-papel-de-nuestro-hermano-como-camino-a-la-paz

Pregunta:

Toni y queridos amigos:

Podríais hablarme sobre esta frase de la página 483 del texto que dice: al arca de la paz se entra de dos en dos.

Intuyo y creo que comprendo lo que Jesús nos enseña sobre nuestro hermano, sobre como sin el no podemos entrar en el Reino (aunque nunca lo hayamos abandonado). Jesús, nuestro hermano y yo somos uno, pero si yo me quedase solo en el mundo no tendría hermano con el que compartir y aprender.


Después Jesús vuelve a decir: pues el nuevo mundo en su totalidad descansa en las manos de cada dos seres que entren allí a descansar. Y esto si que no lo entiendo aunque intuyo como en forma de sentimiento a que se refiere. Si puedes explicárselo Toni te lo agradecería mucho.


Un super abrazote queridos amigos


Mi comentario (en ese hilo del foro hay otros comentarios):

Vuestros comentarios van en la misma línea de lo que voy a decir. Pero copiemos primero las citas a la que te refieres, por si algún otro forero quiere releerlas en el futuro:

Al arca de la paz se entra de dos en dos. Sin embargo, el comienzo de otro mundo los acompaña. (T.20.IV.6.5)

No pienses que perdonar a tu hermano os beneficia sólo a vosotros dos. Pues el nuevo mundo en su totalidad descansa en las manos de cada dos seres que entren allí a descansar. (...) No podrías dejar ni a uno solo afuera tal como yo tampoco podría dejarte a ti afuera, y olvidarme así de una parte de mí mismo. (T.20.IV.7.2-3,6)

Y añado otra cita relacionada, sobre la que me preguntaron un par de veces por email:

Hoy sólo se necesitan dos que deseen gozar de felicidad para que se la ofrezcan al mundo entero. (T.30.I.17.1)

"Al arca de la paz se entra de dos en dos" (y las frases similares del Curso) se refiere a Helen y Bill (los dos primeros estudiantes del Curso) y por extensión a todos nosotros, con nuestras respectivas relaciones en este mundo. Tenemos relaciones con las diversas personas de nuestras vidas (estén vivas "físicamente" o no, porque cuando pensamos en ellas, eso es una relación: todas las relaciones son mentales), y además la palabra "persona" podemos entenderla en el sentido más amplio: personas humanas (que es lo que más suele afectarnos porque nos las tomamos más en serio), animales, insectos, plantas, objetos, ideas, creencias, emociones, etc. Todas ellas son oportunidades de perdonar, y son innumerables, pero para simplificar podemos reducirlas a dos: sujeto y objeto: yo y , sea quien sea ese "tú", que en cada momento puede variar.

La aparente oposición dual es siempre un yo-tú, un yo-mundo, o un sujeto-objeto en cualquier manera en que se exprese la duplicidad. Por eso se entra al arca de la paz de dos en dos: es decir, perdonando todo aquello que percibamos: al perdonar todos los objetos, perdonamos simultáneamente al sujeto: yo mismo.

Recordemos que no hay un mundo ahí fuera. Pero mientras sigamos apoyando la creencia de la separación en nuestra mente inconsciente, necesitaremos perdonarnos a nosotros mismos por esa falsa creencia, y la manera de perdonarnos es perdonar el reflejo de esa creencia, pues siempre acaba siendo proyectada sobre la pantalla del mundo. El mundo es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. (T.21.introd.1.5)

Aunque lo que estamos eligiendo en la mente suele ser inconsciente porque lo reprimimos, al mirar el mundo que refleja esa decisión mental podemos saber qué es lo que estamos eligiendo en nuestra mente inconsciente, y así corregir nuestra elección. Al mirar el mundo, es especialmente importante prestar atención a nuestras propias emociones y sensaciones. Lo aparentemente "interno" y "externo" son básicamente lo mismo. Debemos prestar atención a si refleja conflicto o paz. Si es conflicto, es hora de perdonar.

Tenemos que perdonarnos a nosotros mismos, pero como reprimimos nuestro auto-odio y luego lo proyectamos sobre el mundo, el perdón lo efectuamos ahí en el mundo, a medida que vemos reflejado en nuestras relaciones especiales el odio/pecado que en realidad es nuestro (nuestra mente inconsciente se odia porque cree haber cometido el pecado mortal de la separación: haber destruido a Dios). Al perdonar al prójimo retirando nuestras proyecciones sobre él, nos perdonamos a nosotros mismos y encontramos la paz.

No es necesario que tengamos una relación de pareja ni nada parecido. Las interacciones cotidianas son más que suficiente, incluido el recordar a una persona del pasado, o preocuparse por hipotéticos conflictos futuros que nunca llegan a suceder. O por ejemplo, ves en la tele algo que te disgusta, o escuchas por la radio lo que dice un político y te enfadas: eso es una relación, y puedes usarla para perdonar y así entras al arca de la paz "de dos en dos" (entrando juntos: tú y a quien perdones, o lo que perdones).

Incluso si alguien se fuera al desierto o a la soledad de una alta y solitaria montaña, seguiría con sus recuerdos, por no hablar de los insectos, animales, el frío, los microbios (enfermedades), emociones, etc. Todo eso (cualquier cosa que nos moleste) son nuestros hermanos (el reflejo de nosotros mismos) a quienes debemos perdonar si queremos reconocer la paz.

Mientras nos experimentemos como un cuerpo y percibamos un mundo externo, el camino de salida de esa dualidad será perdonar: retirar nuestras proyecciones y resentimientos, volviendo la mente hacia dentro y aceptando la paz. Mientras sigamos en el proceso de despertar o proceso del perdón, la frase "perdona a tu hermano", o "al arca de la paz se entra de dos en dos", seguirá teniendo vigencia para nosotros. Mientras nos creamos un yo separado, seguiremos necesitando perdonar al mundo, al tú. Y cualquier hermano es nuestro salvador, en el sentido de que nos da la oportunidad de tomar conciencia de nuestros resentimientos, de nuestra insistencia en seguir manteniendo la dualidad (este es el papel que tiene nuestro hermano en nuestro camino a la paz y por eso el Curso dice que nuestro hermano es nuestro salvador: porque nos ayuda a detectar nuestras proyecciones y así perdonarlas y despertar a la verdad). Al aprovechar estos encuentros cotidianos para perdonar, convertimos a nuestro hermano en nuestro salvador, caminando junto con él hacia la paz a medida que retiramos de él nuestras proyecciones. Así, al arca de la paz se entra de dos en dos. Si yo perdono, ambos nos salvamos, todo el mundo queda salvado junto conmigo. Esto no implica que necesariamente la otra persona (o el resto del mundo) acepte inmediatamente también el perdón, pero están salvados porque la aceptación de la paz ya ha sido aceptada (en mi mente, y en la mente de todos los iluminados, que es la misma mente que la de todos los demás, pues solo hay una mente). El tiempo lineal es ilusorio. Pero mientras una persona "individual" quiera seguir jugando al conflicto/separación, es como si la semilla de la paz/libertad que ya se ha aceptado para ella, siga escondida hasta que ella misma elija perdonar. Pero en realidad, cuando uno ha perdonado, todos hemos perdonado juntos. Si queremos reconocer que esto es verdad, perdonemos, y veremos cuán cierto es.

Ya estamos salvados. Nuestro Ser ya es Uno. Cuando Jesús (o cualquier iluminado) perdonó, fue nuestra propia mente la que quedó completamente perdonada, pues hay una sola mente. Cuando perdonemos completamente, veremos que esto es así. Y al final del todo, se revela que en realidad nunca hubo necesidad de perdón, pues nunca ha habido separación. Pero mientras no hayamos aceptado la verdad, el perdón es el camino que nos la revelará. Al despejar los obstáculos a la verdad (nuestras creencias erróneas, nuestro deseo de separación), la verdad se revela por sí sola.

Quien quiera leer más, creo que en los siguientes posts hubo comentarios relacionados con este mismo tema:

Solo se necesitan dos... (T.30.I.17) Al arca de la paz se entra de dos en dos (T.20.IV.6:5) ¿Quiénes son esos dos?: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2017/11/solo-se-necesitan-dos-t30i17-al-arca-de.html

¿Existe o no existe nuestro hermano?: http://hablemosdeucdm.blogspot.com/2016/10/existe-o-no-existe-nuestro-hermano.html

Perdonando a tu hermano: http://jugandoalegremente.blogspot.com/2012/05/perdonando-tu-hermano.html

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viernes, 13 de octubre de 2017

Comentando un par de citas del capítulo 21 del Texto

En la primera cita que vamos a ver, de la sección T.21.VII (La última pregunta que queda por contestar), se plantean 4 preguntas, siendo la última de ellas la que marca la diferencia, según explica el Curso. Veamos el enunciado principal de esa cita:

Pero deja que se haga a sí mismo las siguientes preguntas con respecto a las cuales tiene que tomar una decisión, para que esto se lleve a cabo por él: 

¿Deseo un mundo en el que gobierno yo en lugar de uno que me gobierna a mí? 
¿Deseo un mundo en el que soy poderoso en lugar de uno en el que soy impotente? 
¿Deseo un mundo en el que no tengo enemigos y no puedo pecar? 
¿Y quiero ver aquello que negué porque es la verdad?

Tal vez ya hayas contestado las tres primeras preguntas, pero todavía no has contestado la última. Pues ésta aún parece temible y distinta de las demás. Mas la razón te aseguraría que todas ellas son la misma. (T.21.VII.5.10-14; 6.1-3)

Es reseñable que en las 3 primeras preguntas se menciona el mundo. Además, se utiliza un verbo más brumoso: desear (en inglés desire) mientras que en la última pregunta se utiliza el verbo querer (en inglés want; en la traducción oficial se tradujo también como desear, pero aquí he preferido traducirlo por querer, para mantener el mismo matiz que en inglés). La última pregunta puede expresarse también así:

¿Es esto lo que quiero ver? ¿Es esto lo que quiero? (T.21.VII.8.4-5) (en la palabra final, de nuevo, he cambiado "deseo" por "quiero" para reflejar en la traducción la palabra inglesa "want", en lugar del "desire" que se utiliza en las otras 3 preguntas).

En el resto de esa sección se explica la importancia de estas preguntas, sobre todo de la última. Podéis releer esa sección para repasar todos los matices, pero citemos aquí de ejemplo lo siguiente:

¿Por qué es tan importante esta última pregunta? La razón te dirá por qué. Es igual a las otras tres, salvo en lo que respecta al tiempo. Las otras son decisiones que puedes tomar, volverte atrás y luego volverlas a tomar. Pero la verdad es constante, e implica un estado en el que las vacilaciones son imposibles. (T.21.VII.10.1-5)

Comentemos un poco el tema. Las 4 preguntas son en el fondo lo mismo, aunque las 3 primeras tienen un matiz diferente, menos firme. Como hemos visto, las 3 primeras preguntas mencionan el mundo. La cuarta pregunta va más a lo esencial: se refiere a la mente, al propósito: va directa a la causa (la mente), sin centrarse en el efecto (el mundo, que es simplemente el espejo donde podemos ver reflejada la decisión que hemos tomado mentalmente, y así poder cambiarla). Además, las 3 primeras preguntas indican que podemos tener dudas (por eso se utiliza el verbo desear), mientras que en la cuarta pregunta tenemos firmeza (por eso se utiliza el verbo querer). No es exactamente lo mismo querer algo que desearlo. Si quiero por ejemplo que en mi trabajo me suban el sueldo, inmediatamente me pongo manos a la obra, hago cosas útiles, comento algo con el jefe, etc. Pero si simplemente deseo que me lo suban, tal vez se quede en una simple fantasía o idea fugaz con la que no hago nada concreto. Cuando realmente quiero algo, estoy dispuesto a utilizar los medios para lograrlo. Por ejemplo, si quiero despertar de la dualidad, entonces debo estar dispuesto a utilizar el medio de despertar: el perdón.

Cuando el Curso dice que la cuarta pregunta es únicamente diferente con respecto al tiempo, se refiere a que en las 3 primeras preguntas tenemos dudas y no somos firmes: oscilamos demasiado fácilmente entre los sistemas de pensamiento del ego y del Espíritu Santo, pasando de uno al otro constantemente, haciendo constantes zig-zags de uno al otro, impulsados por nuestro antojo en cada momento. Pero cuando finalmente somos firmes en querer despertar, esas oscilaciones disminuyen en gran medida porque estamos dispuestos a usar los medios para lograr nuestro objetivo. Entonces, a lo largo del tiempo, somos mucho más fieles al propósito del perdón. Cada vez nos centramos más en la causa (la mente; deshacer la elección errónea de elegir al ego) en vez de en el efecto (el mundo, el cual vemos ahora simplemente como un espejo para ver reflejado lo que estamos eligiendo en nuestra mente).

Un Curso de Milagros dice de sí mismo:

Éste es un curso acerca de causas, no de efectos. (T.21.VII.7.8)

Por lo tanto, el Curso nos guía para que nos centremos en la mente (la causa, el propósito, lo que realmente queremos, el cambio de decisión), en vez de centrarnos en el cuerpo o en el mundo (el efecto, el comportamiento, los acontecimientos concretos).

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La segunda cita que quería comentar aparece al principio de la sección T.21.V (La función de la razón). Va a ser un comentario breve, pero útil porque a muchos puede que os pase como a mí con esta cita: que nunca tuve ni idea de a qué se refería exactamente, hasta que he leído a Kenneth Wapnick comentar su significado. La copio señalando con letras en negrita la parte que yo no entendía:

Las leyes del tamaño, de la forma y de la luminosidad tendrían validez, quizá, si otras cosas fuesen iguales. Pero no lo son. (T.21.V.1.3-4)

Pero ¿qué cosas son esas? ¿Qué cosas no son iguales? Siempre leí esto sin entenderlo, hasta que he visto que cuando Kenneth Wapnick comenta sobre T.21.V.1-4, dice que a pesar de que la percepción mienta para decir que el mundo y la mente son iguales, en realidad no lo son. Ken no es muy explícito aquí, pero al leer eso deduje que por lo tanto, cuando el Curso habla ahí de "otras cosas" que "fuesen iguales" pero que "no lo son", se refiere a lo que dice Ken: la percepción se centra en el mundo, considerándolo tan esencial como la mente (igual a la mente, si es que incluso no más importante que la mente), pero en realidad no es así: el Curso nos enseña que la mente es la causa, mientras que el mundo es simplemente su efecto. No son iguales, puesto que el mundo está subordinado a la mente; es simplemente su reflejo. Es la mente la que manda, la que parte el bacalao. Por lo tanto es la mente (nuestra elección errónea por el ego) lo único que necesitamos corregir para librarnos de todos nuestros pesares y problemas, todos ellos ilusorios pero que nos parecerán reales mientras no cambiemos internamente de decisión en lo profundo de nuestra mente.

Me pareció un matiz interesante de tener en cuenta a la hora de tratar de entender esta cita.